" ¡¡¡ NUNCA ME HAGAN ESO !!!"

Sabia y premonitoria expresión de un genio incomprendido, quien sufrió en más de una ocasión el embate de las Finísimas Personas, o de sus indirectos y anónimos actos; quienes se dedican a hacer que estemos arrepentidos hasta del dia en que nacimos; que son capaces de arrancarnos pensamientos del calibre de "Disuélvete, Concha" o "Trágame tierra".

sábado, 13 de junio de 2009

De Falsedades y arte mexicano.



Mis queridos visitantes, es un gusto andar nuevamente por estos lares, lo que sucede es que el agotamiento hizo presa de mí de una manera por demás salvaje, y si a esto le agregamos el calor (soy 100% planta de sombra) pues me fue peor. A veces he estado a punto de raparme, pero la posibilidad de que me confundan con el Perro Bermúdez me ha hecho pensarlo muy detenidamente, tanto, que ya van siete años de meditación a fondo y aún no me convenzo a mí misma, pero eso no me puede impedir contar lo que me ha sucedido a principios de la semana que acaba de concluir, porque si no lo hago, reviento.

El lunes en la mañanita, después de ir a dejar a mi retoño mayor a su Centro del Saber, me dirijo a un super mercado (el de Mamá Lucha) para comprar los fertilizantes que habíamos de consumir en el día. Por principio de cuentas, llego a la mencionada tienda, y en el departamento de audio y video, tienen, a todo volumen, a Gael García regalándonos el don de su aterciopelada, afinada y bien entonada voz, desgranándose en las notas y compases de la oda poética musicalizada que lleva por título "Quiero que me quieras".

La somnolencia que me pudo haber quedado a esa hora salió disparada (aterrorizada, diría yo), y eso me llevó a pensar "Pos si te he de querer, pero con la condición de que no me vuelvas a cantar jamás en tu perra vida"; acto seguido, maniobra de avituallamiento, pasillo de comida de bebé y jugos de fruta, pasillo de agua embotellada, pasillo de enseres de limpieza (esos no se comen, pero de todos modos pasé) y demás.

Al dirigirme a la caja, comienzo a poner mi mercancía en la banda y la cajera, muy amablemente, me da los buenos días, me pregunta si encontré todo lo que buscaba y comienza a escanear mis cosas. Al momento de pagarle, ella hace el clásico ademán de rascarle a uno de los billetes que le extendí (eso de andar de mano en mano debe irritar, ¿no?) y, aquí viene el comienzo, me echa su mirada número 33, que está etiquetada como "mirada para las malditas musarañas" y me dice "permítame tantito por favor".

Le hago caso y me espero al final de la caja, quitadísima de la pena, pensando en la inmortalidad del cangrejo (y en el cabello chinito de Jaimito Camil), cuando soy sacada, con lujo de violencia de mi ensueño, por una feísima voz que me dice: "buenos días damita, me dice mi compañera que USTED QUISO PAGAR CON UN BILLETE FALSO, así no se puede".

En ese momento siento los primeros síntomas de una de mis ya famosas y archiconocidas transformaciones genómicas, y como ya me las conozco y me conozco cuando entro en esa fase, aguanto la respiración, pongo cara de huevo estrellado y, tratando de sonar lo más natural posible, le respondo al gerente "¿Qué?"; y el horrible sujeto (se parecía a la Güera Rodríguez Alcaine) me dice "mi compañera dice que USTED QUISO PAGAR LAS MERCANCÍAS CON UN BILLETE FALSO".

En ese momento ya no me aguanto y se concreta la transformación: el resultado es un bellísimo alebrije, bien mexicanote; con algo de gallo por aquí, de dragón por allá, de sapo un poco más para acá y rematando con un poco más de murciélago; todo eso enmarcado por un complicado muestrario de colores, los cuales iban desde el verde vejiga encendido, hasta el negro contundente (no es albur), pasando por el azul ultravioleta y el amarillo Lagrimita y Costel (guácala).

Y completando el look, mi armónica y aflautada voz de mezzo soprano, emitiendo unos vocablos tan peculiares, que un locatario de la Merced me dejó su tarjeta de presentación, para que le diera asesoría; pero eso sí, exigiendo una explicación de tan mafufa acusación. Por mi parte, también le dirijo a la cajera una de mis miradas, la número 899 bis, titulada " ¿estás !"#$%&/()=?¡, o qué te pasa?"; haciendo gala de mi apariencia le reprocho su grandísimo atrevimiento y su no menos grandísima pen...jez para asegurar semejante burrada.

El gerente Rodríguez Alcaine y la cajera Mafafa Musguito saltan atrás del mueble de la caja para protegerse de mi furia y, enarbolando el billete como escudo, me lo muestran y en efecto, era falso, pues Cuauhtémoc traía el penacho de lado (no sé si por el argüende y el manoseo) y los ojos muy similares a los de Bart Simpson. Yo, sin mesura alguna, les vuelvo a soltar de gritos y sombrerazos para hacerles saber que ese billete lo acababa de sacar del cajero Ratamex que se encuentra ubicado en esa misma tienda.

Ya se estaban armando los p... golpes, cuando otro cliente llega a quejarse de que él acababa de retirar dinero de ese mismo cajero y TAMBIÉN LE SALIERON BILLETES FALSOS, que detectó por contar con un minúsculo aparatejo que sirve para tal cosa, en su caso, el billete falso era de 1000 pesos, o sea que si en el mío el Cuau estaba despenachado, en el suyo el cura Hidalgo lucía una mata igualita a la de Bob Marley.

El gerente y la cajera ya no sabían ni qué hacer para disculparse con su servilleta, y en ese mismo momento, se pusieron en contacto con el banco para exigir una explicación , yo esperaba que, como compensación, la mercancía fuera de a grapa, pero sí, cómo no.

Ustedes pensarán tal vez que ese episodio me hizo mucho daño, preo debo decirles que no, yo soy algo así como un American Pit Bull, si no me peleo por lo menos una vez al mes, se me atrofian el hígado y los músculos, y lo más probable es que muera de una apoplejía si no lo hago.

Al final, retorné a mi macetón como de rayo para prepararme un té de pasiflora con cuachalalate porque ya sentía como que me iba a dar una parálisis facial, y la mera verdad, el cubismo a mi nomás no me va, yo comulgo más bien con Rubens o Botero, obras de arte al fin y al cabo.


He dicho.


No hay comentarios:

Publicar un comentario